En este mostró un resplandor de ciudad capital, hasta ahora no vista por nosotros. Resplandor porque le hace caso literal a su apodo: “La ciudad blanca”.
Empezando desde el principio y como ya lo habíamos anticipado, obviamente nos vendieron los últimos 3 asientos del micro nuevamente, esta vez con la promesa que el vehículo “comodísimo” y la ruta asfaltada iban a recrear un viaje esplendoroso… sólo diremos que fue algo mejor.
El micro nos dejó antes de llegar a la terminal, en su local de encomiendas, porque… porque así lo dispuso! Y así, comenzando a planificar, caminamos por una avenida ancha que derivó en el centro mismo de la ciudad donde , luego de hacer varias consultas, finalizamos en el alojamiento mas cómodo y accesible posible, justo enfrente de nuestro amado mercado central.
Una vez ubicados comenzamos la maravillosa aventura de caminar por esta hermosa ciudad. Si creíamos que en Potosí la llegada de los españoles era evidente, en Sucre era certera y literal, siendo la mayoría de los edificios son de estilo europeo en la época colonial.
Las iglesias, de todo tipo, tamaño, color, arte y religión, se encontraban a la vuelta de cada esquina,
Y los mas precioso, cuidado y labrado que vimos hasta el momento: las mejores plazas, parques, jardines y plazoletas. Colores, dibujos y letras, todo bocetado en flores y plantas adornan cada espacio verde de la ciudad.
El cansancio ganó y la festichola siguió en los sueños y en el día siguiente…
Amaneció con sol y dio ganas de salir a visitar el parque central donde el diseño paisajístico ganó el podio.
Seguimos buscando las calles y sus rincones hasta que se hizo la hora de retirar la ropa limpia del Lave-Rap que, por 1ra vez en el viaje después de dos meses, descansó del jabón de pan blanco para saborizarse con olorcito a rosas y suavizante chuavechito chuavechito… que placer fue el toallón!
Llegó la noche, llegó la cena, llegó el mercado! Y (para los hombres de la trouppe) llegó otra salida, la señorita prefirió quedarse con su librito en el hostal… así cada uno disfrutó a su manera el comienzo del 2do mes y de lo que pensábamos hasta ese momento, iba a ser la última noche en Sucre.
El día siguiente era el definitivo, y luego de una despedida al mercado nos fuimos a recorrer otros mercados y ferias en la calle, como es común aquí, donde cada puesto era un mundo aparte; donde podías encontrar 2 remeras por 5 bs o un martillo, o un kilo de duraznos blancos.
Se nos hizo la hora de partir, esta vez con boletos en mano, a nuestro siguiente destino… ahora sí… en el mediecito del micro… vuelta al ripio… con paradas técnicas por doquier… con discusiones con choferes… y todo eso que ya nos es familiar… a Cochabamba!
PD: Flias. de estos tres viajeros: si están leyendo estas líneas es porque todos estos viajes en micro no han pasado más que por simples momentos complejos… estamos todos sanitos y salvos… en algún lugar de América del Sur.


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